Contrario a lo que muchos pensaría el diseño emocional no tiene nada que ver con las emociones y sentimientos, el diseño emocional consiste en la usabilidad del objeto, en no hacer pensar al usuario y sobre todo prevenir problemas.
A lo largo del tiempo hemos podido ver como los objetos se han ido modificando de acuerdo a las necesidades de la época, no es lo mismo un televisor de hace 50 años a uno de hace 5 años y esto se debe a que cada vez la industria trata de resolver o crear nuevas necesidades de consumo. También esto va de la mano con el hecho de que los objetos intentan ser más incluyentes y de este modo hacer que el usuario pueda adaptarse más fácil a ellos.
Hay un libro escrito por Donald Norman llamado “Emocional Design” en el que precisamente hace una interesante reflexión sobre el diseño emocional. En esencia, cuenta que las cosas atractivas hacen que tengamos la sensación de que funcionan mejor, o saben mejor como en el caso del Lagavulin o el Malbec.
Norman postula que la manera en que una persona llega a amar u odiar algo pasa por tres fases: Viceral, reflexivo y conductual
Las experiencias de las personas cuando adquieren un objeto o un servicio no se limita únicamente a la estética y a la funcionalidad; va más allá. La experiencia reflexiva es una respuesta dada más a largo plazo.
El diseño debe enfocarse en un adecuado equilibrio entre lo estético, la eficiencia y el valor añadido en todos los procesos. De este modo, no solo conseguiremos emocionar al usuario por una estética que le llegue al corazón. El hacer que la experiencia global sea satisfactoria será el vínculo emocional definitivo que se encuentra dentro de ese diseño y hará que ese usuario sea fiel a nuestra marca.
Dado que el consumidor cada vez es más exigente, cuenta con tanta información a su alcance y sabe lo que quiere, cuando pensemos en desarrollar un producto o servicio, debemos pensar el diseño desde un enfoque más global. Debemos hacer que nuestros clientes potenciales quieran nuestra marca desde esa primera imagen, acompañarles en todo el proceso de compra facilitándoles la vida y estar allí para cuando nos vuelvan a necesitar porque, si lo hacemos bien, querrán volver.
